De l’Allemagne. De Friedrich à Beckmann. Louvre, 2013.

Hoy fui, finalmente, al Louvre. La exposición De l’ Allemagne. De Friedrich à Beckmann está llegando a su fin y me pareció que realmente no debía perdérmela, así que fui a tramitar mi tarjeta Louvre Jeunes (que da acceso a la colección permanente y las exposiciones temporarias durante un año, para menores de 30) y esquivé a la multitud para entrar en el Hall Napoléon, pabellón que albergará la muestra hasta el 24 de junio de este año.

louvre de l' allemagne catalog

La exposición comienza en un hall pentagonal cuyas paredes están cubiertas por una amplia obra mural de Anselm Kiefer, oscura y sombría como de costumbre. A continuación atravieso el ciclo de pintura “neorrenacentista” de fines del s. XIX, donde no encontré nada digno de destacar. Copias de retablos italianos, vírgenes, temas griegos… the usual Louvre stuff. Pero la cosa se puso -mucho- más interesante con la aparición de obras de Arnold Böcklin, pintor que -hoy descubrí- era suizo, no alemán. La obra más conocida de este pintor, La isla de los muertos, lamentablemente no era parte de la exposición, pero sí había algunas otras con el mismo tono de extrañamiento y misterio, como Villa al borde del mar. Lo unheimlich, esa inquietante extrañeza de la que tanto hablaba Freud.

bocklin villa am meer
Arnold Böcklin, Villa am meer, 1878.

Acto seguido, pasé a la sección dedicada a la naturaleza y el paisaje, con dibujos y acuarelas de Goethe (sí, el escritor) y varios paisajes del gran Caspar David Friedrich.

 

Caspar David Friedrich, <i>Das Watzmann</i>, 136 x 170 cm.
Caspar David Friedrich, Das Watzmann, 136 x 170 cm.

 

Caspar David Friedrich - das kreuz im gebirge
Caspar David Friedrich – Das Kreuz im Gebirge (1812). 44 x 37 cm.

Me resultó sorprendente que las obras de Friedrich fueran de formato mediano – me esperaba unos cuadros gigantes, más acordes con su gran tema, lo sublime. De todos modos, había varios cuadros destacables. Capaces de traducir esa sensación de lo infinitamente grande, en lo (infinitamente?) pequeño. Me gustaron mucho.

Pero el gran shock fue ver el cambio abrupto que se da al pasar a la última sala, dedicada a pinturas, grabados y fotografías posteriores a la Primera Guerra Mundial. Habiendo visto el afiche de la exposición, pensaba que iba a encontrarme con una muestra casi exclusivamente sobre romanticismo alemán (aunque el período de tiempo que cubre es de 1800 a 1939). Pero de pronto, llegó la primera guerra y todo lo anteriormente conocido se borró de un plumazo. Con obras de George Grosz, Otto Dix y Max Beckmann la exposición cambia de tono. El expresionismo de Beckmann es digno de ser observado con detenimiento, en particular su serie de xilografías Del Infierno.

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Max Beckmann: Die Hölle (El Infierno): Der Hunger (Hambre) 1919, Litografía.
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Max Beckmann: Die Hölle (El Infierno): Familie (Familia) 1919, Litografía.

 

El Infierno de los Pájaros es otra gran obra presente en la exposición. Al salir vi una tarjeta postal con la obra y me pregunté quién querría enviar una postal con esa obra, en apariencia colorida y alegre pero de una temática tan terrible.

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Max Beckmann, Hölle der Vögel (El Infierno de los Pájaros). 1937-1938.

Asimismo descubrí la existencia del fotógrafo alemán August Sander, famosísimo por supuesto pero del que yo nada sabía. Su serie de retratos de personas “del común” de la Alemania de los años treinta me dejaron fascinada.

August Sander, Radio Station Secretary , 1931.
August Sander, Sekretärin , 1931.

También había proyecciones de grandes obras del cine alemán, como Metrópolis de Fritz Lang, y Olympia de Leni Riefenstahl. A decir verdad se “perdían” un poco entre los cuadros al no tener un espacio propio con iluminación acorde ni lugar para que el público se sentase enfrente. Grabados de Kathe Höllwitz para completar las grandes obras del arte alemán de principios de siglo, y algo que me sorprendió: la serie de grabados La Guerra, de Otto Dix. La verdad es que quedé muy impresionada por la carga emocional que tienen estos grabados (expresionismo a la máxima potencia) y porque los títulos que los acompañan son parte de un diario de combate, con fechas y lugares exactos, testimonios del horror que Dix vivió y buscó retratar con lujo de detalles: Campo de cráteres cerca de Dontrien iluminado por antorchas, Muertos delante de la trinchera de Tahure,  Herido (batalla otoñal de 1916), entre otros -tristemente- tantos más.

Otto Dix, Tropas de asalto en ataque de gas
Otto Dix, Sturmtruppe geht unter Gas vor (Tropas de asalto en ataque de gas), 1924.
Campo de cráteres cerca de Dontrien iluminado por bengalas 1942
Otto Dix, Trichterfeld bei Dontrien, von Leuchtkugeln erhellt (Campo de cráteres cerca de Dontrien iluminado por bengalas), 1942
otto dix Hombre muerto en el barro 1924
Otto Dix, Toter im Schlamm (Hombre muerto en el barro), 1924
otto dix Herido (otoño 1916, Bapaume) 1924 allemagne
Otto Dix, Verwundeter (Herbst 1916, Bapaume), Herido (Otoño de 1916, Bapaume), 1924.
allemagne Otto Dix, <i> Tote vor der Stellung bei Tahure </i> Hombres muertos en posición cerca de Tahure, 1924.
Otto Dix, Tote vor der Stellung bei Tahure Hombres muertos en posición cerca de Tahure, 1924.

La serie de Dix me dio escalofríos. Impresionante. Al salir de la muestra, volví a ver el mural de Kiefer, que me había hecho preguntarme por qué el arte alemán es tan sombrío, tan oscuro, incluso al día de hoy. Otto Dix me había dado, hace tan sólo un instante, la respuesta.

París, 15 de junio de 2013.

 

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